Nos adentramos en el desierto

April 17, 2018

Fue una noche tranquila, la brisa del mar endulzó la madrugada hasta el punto que tuvimos que meternos dentro de los sacos porque refrescaba. 

 

 

Nos despertamos bien pronto para evitar así las horas de más calor aunque claro, siendo una ruta de unos 60 km y unos 1000 metros de desnivel, difícilmente podríamos evitar las horas de más sofoco. 

 

El plan era desayunar lo más rápido posible y salir pronto, hacia las siete. Como siempre al final nos demoramos, no en vano, teníamos que desmontar la tienda, hacer las alforjas, colgarlas, preparar el GPS. La rutina matinal, incluyendo el desayuno, difícilmente baja de la hora, al menos en nuestro caso. 

 

Así que hacia las ocho nos pusimos en marcha, tuvimos que cruzar de nuevo la zona pantanosa esta vez con algo más de éxito y llegamos de nuevo a la pista principal, de ahí, en algún lugar, debíamos encontrar una desviación que nos adentraría de pleno en el desierto del Negev... ahora sí que teníamos la sensación de no vuelta atrás, si entramos sólo hay un camino, hacia adelante!

 

De nuevo un wadi , nos protegía del sol que, aunque era pronto, ya apretaba con fuerza. Durante km fuimos siguiendo el curso de un río seco. Eso suponía un problema ya que el terreno era una mezcla da arena tipo playa y guijarros que hundían la rueda de María, demasiado estrecha para semejante uso. Avanzábamos lentos, con precariedad, arrastrando la bici en más ocasiones de las que habríamos querido. La subida era constante puesto que íbamos dirección contraria a la del supuesto cauce aunque el pendiente era moderado. 

 

 

Al cabo de unas horas, hacia las once de la mañana, de repente, María soltó un grito enorme y vi como salía a toda velocidad con su bicicleta incluso adelantándome a mi por primera vez en todo el viaje. Su cara lo decía todo, había visto una serpiente... Asustada y con cara de pánico me señalaba hacia una zona rocosa donde, en lo alto de un plano, había una serpiente de unos 4-5 metros de largo! Me acerqué para sacarle unas fotos y el animalillo como si nada. Después pude comprobar que era una víbora del desierto, mortal para personas de poco peso y con un poco de suerte solo provocaba trastornos graves en adultos de peso superior a 50 kg. Sus glándulas deberían estar bien llenas. 

 

 

Reprendimos la marcha ahora sí, por unas rampas muy muy duras, el calor era sofocante y encontramos una pequeña sombra que nos obligaba a empotrarnos literalmente en una roca para disfrutar de ella. Seguimos por una preciosa pista que nos deparaba unas preciosas vistas del valle por el que habíamos venido. Finalmente llegamos a un cruce de caminos donde una acacia, llena de espinas, nos cobijó y nos permitió descansar y comer una lata de sardinas. Decidimos pasar ahí las peores horas de sol, nos quedaban ya solo unos 20 km hasta el lugar que habíamos decidido para dormir. Habíamos bebido mucha agua, más de la mitad, y nos quedaban dos días casi enteros. Cada vez que abríamos la botella teníamos que controlarnos para no acabar de un trago con todo el contenido líquido. 

 

El calor era tal, que incluso la sombra donde estábamos no era suficiente así que decidimos seguir y no  desgastar más nuestro organismo, teníamos que llegar cuanto antes al vibac y eran las 3 de la tarde. 

 

 

 

Al cabo de un par de kms, encontramos una pared desplomada con un cobijo de unos 3-4 metros que ahora sí, proyectaba una enorme sombra. No nos pudimos frenar ante tal tentación y nos echamos ahí durante casi una hora antes de reemprender la ruta nuevamente. 

 

 

Nuestro camino se adentraba ahora en una zona húmeda, se divisaba a lo lejos cierta vegetación y cual fue nuestra sorpresa cuando divisamos, a lo lejos, una enorme masa de agua!! Estábamos salvados, llevábamos el potabilizador mecánico, un filtro que elimina totalmente cualquier organismo o bacteria del agua y que nos permitiría, sin duda, llenar todas nuestras panzas y botellas vacías. Esperábamos que no se tratase de una alucinación propia de estos lugares, de estos estados sedientos y de cansancio.

 

Al llegar, con la mano cogí algo de agua y fue entonces cuando nuestro sueño se desvaneció... el agua era salada!!

Cómo podía ser!! habíamos creído encontrar la solución a nuestra acentuada sed y ahora se había incrementado después de tal desilusión... no había más remedio que seguir. 

 

 

 

Nos metimos entre pantanos rodeados de juncos que no nos dejaban ver más allá, no me gustaba la sensación de no poder divisar más allá de dos metros. Después de unos kms, habíamos llegado a un lugar que no permitía seguir, el camino se había cerrado y no había modo alguno de avanzar. Le dije a Maria que se esperase que iría a ver si había manera de salir de ahí. Arrastrándome entre arbustos espinosos llegué a un cañizal, de repente oí un ruido de algún animal que se movía entre las cañas, una serpiente quizás pero, a tenor del ruido, debería ser un bicho de dimensiones importantes. Decidí darme la vuelta y llegué de nueva donde estaba Maria, le indiqué que no había salida y que teníamos que dar media vuelta... menudo fastidio!! 

 

Pronto divisamos que nos habíamos equivocado, el singletrack que debíamos seguir iba unos metros por encima de la cuenca del río y retrocediendo unos pocos kms llegamos de nueva hasta la senda correcta. 

 

Nos quedaban 10 km hasta el punto que habíamos marcado como vibac, el terreno era horrible, de nuevo con guijarros a doquier y las ruedas clavadas, incluso las mías que eran anchas y generosas. Maria sufría avanzando penosamente, fueron unos kms duros pero finalmente divisamos la pista que nos cruzaba perpendicular y que sabíamos que era el lugar donde debíamos dormir!
 

Llegamos al lugar y parecía que no éramos los primeros que acampábamos ahí a tenor de las piedras dispuestas en círculos que parecían limitar anteriores campamentos. 

 

Nos sentamos unos minutos en un montículo que había, eran las siete de la tarde pero teníamos un problema, y ese era el agua. Nos quedaban muy pocos litros y lo peor, toda una noche y una etapa de mañana con un desnivel de 1500 m+ a través de una pista que serpenteaba superando la ladera de una montaña que teníamos delante, era el paso del escorpión, así se llamaba ese lugar. 

 

Empezamos a montar la tienda, sin más ganas que las que teníamos para que se hiciera de noche y poder dormir, no teníamos hambre a pesar del cansancio. Estábamos llenos de polvo, sucios. 

 

De repente nos pareció oír un motor, pero claro, no debía ser más que una alucinación o sensación auditiva provocada por la brisa que corría. El ruido se fue incrementando y cada vez era más perceptible. Sería un coche?? Extraño por esos derroteros y a esas horas, estaba anocheciendo... 

 

De repente, vimos las luces de un coche... salimos literalmente  esprintando hacia la carretera y como si de un náufrago se tratara, hicimos ostentosos gestos con los brazos, el conductor se percató de nuestra presencia y, sin dar crédito a lo que veía paró junto a nosotros. Era un chico joven, que estaba conduciendo por esas pistas solitarias hacia su casa... nos preguntamos donde demonios debía vivir yendo a esas horas por ahí, tampoco nos importaba demasiado, al final no único que necesitábamos era agua, mucha agua... le pedimos si llevaba algo y nos dijo que ... SI!!! dos botellas llenas, a rebosar! hubiéramos pagado todo el dinero del mundo por tener ese agua y de nuevo la suerte nos sonreía. Le dijimos que con una seria suficiente aunque sabíamos que dos sería un auténtico banquete. El chico dijo que ni hablar, que las dos eran para nosotros y poco después desapareció a toda pastilla por la pista hasta perderse por el horizonte. 

 

 

 

La suerte es un factor aleatorio que siempre nos ha sonreído, Maria tiene un ángel de la guardia que la acompaña. Es una viajera empedernida que ha viajado por muchos países de todos los continentes, siempre con la suerte propia de quien se abre a la aventura. Yo también he andado lo mío, Asia, África, América... me considero un afortunado también aunque lo mío quizás sea menos casual y más trabajado, siempre voy con la antena puesta para orientarme, nunca perder la sensación de control del lugar... sea como fuera, teníamos nuestra ración de agua y había que celebrarlo. Decidimos que nos merecíamos una botella entera a medias y que la otro la guardaríamos junto con el resto de escasas provisiones. 

 

Nos metimos en la tienda habiendo saciado, en parte, nuestra sed. La noche era super tranquila aunque de nuevo los mosquitos enloquecían al detectar nuestro calor y respiración y no poder hincar su protuberante trompa en nuestra piel, ellos pasarían más sed que nosotros esta noche. 

 

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