Mitzpe Ramon, un cráter en medio del Negev

April 20, 2018

Este era el punto final de nuestro pequeño viaje. Mitzpe Ramon es un lugar mágico, un cráter enorme en medio de la planicie del desierto. Con las bicicletas bien descargadas puesto que la ruta era circular, empezamos a pedalear pronto subidos encima de los peñascos que bordeaban el cráter. Las vistas era preciosas, sublimes, un enorme cráter de unos 50 km de diámetro bajo nuestros pies y nosotros ciclando por encima de él. 

 

 

 

Hicimos muchas fotos. Parábamos cada poco sabiendo que era nuestra etapa final y sabiendo también que nos esperaba el hostal donde habíamos dormido, eso lo hacía todo más fácil. No obstante la ruta era exigente, unos 60 km con unos 1000 metros de desnivel la mayoría de ellos concentrados en los últimos kms. 

 

Una de los retos del trayecto, era encontrar el punto por donde bajar al cráter, a pie resultaba ser tarea fácil pero en bicicleta no lo era para nada. Canales de piedra suelta bajaban vertiginosamente desplomándose hacia su interior. Después de unos 25 km circulando por la parte superior, empezamos a buscar rutas para bajar. Hasta en 3 ocasiones tuvimos que recular por la imposibilidad de bajar por esas canales en bicicleta, bueno de hecho la única manera posible seria haciendo un rápel puesto que había un barranco de unos 100 metros. 

 

 

 

Encontramos un beduino en una cueva que nos observaba perplejo, supongo que se preguntaba lo mismo que nosotros de él, qué hacíamos ahí en medio de la nada dando vueltas. 

 

Después de varios intentos, encontramos un lugar que parecía habilitar la posibilidad de un descenso, eso si, no parecía nada fácil. 

 

Dejé a Maria en la parte superior y fue a tantear un poco el terreno, parecía que sí, que podríamos bajar, aunque desde luego con la bicicleta en la espalda y con mucha precaución puesto que un resbalón daría con nuestros huesos en lo más profundo del cráter. 

 

Bajé primero la bicicleta de Maria, cada paso debía hacerse con plena consciencia, no había marge de error si no quería despeñarme barranco abajo. Llegué hasta un sitio que parecía más fácil y que, con cuidado, nos permitiría bajar hasta el fondo del barranco. Luego subí a por mi bici y Maria bajo conmigo caminando y destrepando por el barranco. 

 

Finalmente llegamos al punto donde había dejado la primera bicicleta. Ahí había dos posibilidades, seguir a pie con la bicicleta a cuestas, o jugársela y lanzarse sobre ella con los cinco sentidos puestos ya que a nuestra izquierda emergía un barranco de unos 50 metros. 

 

Optamos por la segundo opción, que sin duda era mucho más divertida y rápida, somos expertos jinetes y no debería haber problema alguno. Así fue, como liberamos el peso de los frenos y dimos rienda suelta a la velocidad, nos deslizamos por un sendero de poco más de 50 cm con el abismo a nuestro lada pero disfrutando como locos, un poco más abajo el tema se ponía más fácil hasta el punto que llegamos a la parte interior del cráter donde las vistas de las paredes que acabábamos de bajar eran impresionantes. 

 

 

 

Nos dimos un beso y recordamos lo afortunados que somos de poder hacer viajes así. Luego a toda velocidad nos dirigimos hacia el interior del cráter, que debíamos cruzar para alcanzar la subida final hasta Mitzpe. 

 

Lejos de ser un puro trámite, el interior nos ofreció todo lo que podíamos desear, todo menos sombra. Había montañas de sustratos de distintos colores, pistas gravel de ensueño, las mejores que he hecho sin duda, estilo africano con largas rectas de grava llanas que se perdían en el infinito. 

 

Pasamos ahora si, cerca de una carretera y pudimos parar a refrescarnos y tomar una limonada en un tenderete. 

 

 

Luego proseguimos el camino, el calor era asfixiante, decidí ponerme el paraviento que, a pesar que me hacía sudar de lo lindo, al menos me protegía del abrasante sol.

 

Llegamos a los pies del último reto, una carretera que serpenteaba ganado desnivel a "lo bestia", eran 500 m de desnivel en unos 5 kms. Maria decidió que pararía un camión y yo proseguí el camino. A los pocos minutos me avanzó sentada cómodamente en el asiento de acompañante de un camión cisterna, pero donde demonios había colocado la bicicleta esta mujer!! Maria es única, viajar con ella es diversión asegurada, capaz de las locuras más locas que podáis imaginar, siempre con su toque surrealista de hacer y ver las cosas, con su relación amorosa con los camioneros del mundo, la he visto pararlos en todos los continentes, y siempre con éxito. Hemos viajado subidos en camiones a rebosar de madera, de adobe para campos, en todo terrenos que a duras penas avanzaban, en coches que llevaban medicamentos en cabina refrigerada... incluso una vez en el Atlas paró a dos chicos que iban con una vespino y consiguió que la llevaran!! eso sí, a los 100 metros estaba de nuevo sobre la pista y fuimos invitados por el conductor y paquete a su casa... todo un mundo por descubrir, en bicicleta o como haga falta!!

 

Yo por mi parte, seguí esta vez sobre la bici hasta arriba, además en plan sport, entregando hasta el último suspiro y en menos de 20 minutos me cepillé la subida hasta el pueblo.

 

Nuestra ruta acababa ahí, habían sido unos días mágicos perdidos por el desierto, contrastes de lugares, gentes y costumbres, lugares que jamás pensarías en ir si no tuvieras como nosotros, una parte del cerebro estropeada, o muy desarrollada, quien sabe... sea como sea, es nuestra forma de vivir la vida, exprimiéndola, saboreándola, disfrutando de cada momento al máximo y con esa compenetración que te da saber que estás con el mejor compañero de viaje, compañera en mi caso, no cambiaría viajar con Maria por nada del mundo, es nuestra evasión, reímos, compartimos penas y glorias, lloramos y siempre con el espíritu del aventurero, aquel que sabe que todavía hay sitios en el mundo por descubrir, costumbres, gentes, olores, y que hay solo una vida para saborearlos, así es como lo entendemos nosotros y como exprimimos cada momento al máximo. 

 

Ahora habrá que esperar unos meses para volver a marchar, pero ya tenemos alguna que dará que hablar... pronto os lo contaremos, de mientras... TEMPUS FUGIT, CARPE DIEM!

 

 

 

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