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Jerusalem, una ciudad mágica...

April 14, 2018

Nos despertamos pronto y salimos a desayunar, encontramos un horno de pan en una zona que todavía vivía los últimos coletazos de los jóvenes que habían saboreado los placeres ocultos de la noche de Tel Aviv. 

 

Sin más romances volvemos al hostal donde ya teníamos preparadas las bicicletas y todo el equipaje. Nos comenta la chica de recepción que será difícil encontrar transporte hasta la noche pero somos gente de suerte, y nos vamos pensado que creer que sí será el mejor augurio para conseguir un medio que nos lleve hasta nuestro destino. 

 

Nos adentramos por Levinski y luego siguiendo las indicaciones del gps llegamos hasta la zona donde deberían estar los mini buses, preguntamos a un hombre si sabe si hoy sale algún bus hacia Jerusalem y nos indica con el brazo que probemos un poco más adelante. 

 

 

 

Acabamos de llegar a la estación, preguntamos y nos indican con el brazo que debemos seguir hacia adelante, de repente ... Jerusalem Jerusalem Jerusalem!!!! y un mini bus, lleno de gente, con solo dos plazas, las últimas, disponibles para nosotros. Metemos como buenamente podemos las bicicletas y equipaje en la parte trasera y nos sentamos en las dos plazas posteriores, una vez más la suerte nos sonríe. 

 

Durante el trayecto nos dormimos, dejando pasar por nuestras cabezas sueños de una vieja ciudad que fue cuna de las religiones más importantes del planeta, una ciudad de piedra amarilla, de luz mediterránea, bulliciosa... 

 

Una hora y algunos minutos después nos despertamos entrando en Jerusalem, nuestro destino. No tenemos lugar donde dormir y decidimos perdernos por sus calles hasta encontrar una pensión que cumpla con lo básico, un lugar para dormir nosotros y nuestras bicicletas. 

 

Nos habían dicho en la embajada de Espanya en Israel que evitásemos la zona de Jerusalem Este y especialmente la Puerta de Damasco, siendo esta lugar el de los últimos atentados. Eso automáticamente generó un extraño magnetismo que nos llevó justamente delante de dicha puerta, nuestra ventana tenía unas vistas preciosas del barrio musulmán, el ambiente estaba garantizado!

 

Empezamos nuestros andares por el mercado, entrando por la puerta de Damasco y teniendo la certeza que nos encontrábamos en lugar sagrado, para muchos, la meca de su religión. No en vano, en Jerusalem, se juntan los puntos más importantes del Cristianismo, Judaísmo e Islam, siendo respectivamente, la Tumba de Jesucristo, El muro de las lamentaciones y la Explanada de Las Mezquitas. 

 

 

El mercado nos transportó de inmediato a nuestros recuerdos morunos de anteriores viajes a Marruecos, olores, gritos de los mercantes, bullicio, y un toque particular de Israel, dos ejércitos, el Israelí que custodia toda la ciudad metralleta en mano, y el Jordano, que controla las zonas musulmanas.

 

 

Teníamos los puntos a visitar claros, el primer día nos centramos en pasear por los mercados, ver el ambiente, subir a los tejados de bóvedas de barro desde donde espiar a los transeúntes que compraban en las ajetreadas paradas. Las vistas eran magnificas, miraras donde miraras miles de años de historia bajo cúpulas doradas, iglesias católicas, sinagogas... no había duda que pesaba en el ambiente la tremenda trascendencia que tiene esta ciudad, su historia pesaba como una losa sobre nuestros pensares imaginando al mismo Jesucristo paseando por sus calles de niño, y para los más místicos, Alá subiendo desde la Explanada de las Mezquitas hacia el cielo.

 

No había duda que Jerusalem es una de las ciudades más bonitas del mundo, no solo su historia sino su arquitectura, su complicada coyuntura religiosa, política la hace aún más viva, sus calles adoquinadas, su mercado, su mezcla de gentes diametralmente opuestas en pensamiento, su gastronomía... 

 

 

Jerusalem se divide en 4 barrios, el judío, el musulmán, el cristiano y el armeno. Todos tienen su carácter personal y lugares santos, si existe un grado de religiosidad este sería el máximo. Devotos de las 3 religiones peregrinan para orar y sentirse lo más cerca posible de sus respectivos dioses y religiones, el ambiente lo transmite así, es un lugar Santo incluso para los que no creemos todavía en nada más que en lo que los libros de ciencia nos contaron. 

 

Fueron dos días intensos. No dejamos nada por ver, ni por probar. 

 

 

A parte del mercado que es omnipresente en toda la parte musulmana, teníamos un objetivo complicado, La Explanada de las Mezquitas, lugar sagrado del Islam siendo aquí donde supuestamente, y que nadie se me enfade por la condicionalidad del término, Alá subió al cielo. 

 

Fue el Rey David quien decidió construir un templo por primera vez ahí, en honor a la piedra del sacrificio de Isaac (piedra sagrada de Abraham), pero entendió que sus manos estaban manchadas de sangre por las múltiples batalles, y siendo este un templo que debía albergar el objeto más sagrado del Judaísmo, el Arca de la Alianza, cedió los honores a su hijo Salomón quien construyó el templo que lleva su nombre y que Nabucondosor destruyó en el siglo VI a.c. donde lugar al primer éxodo judío hacia Babilonia.

 

Luego los romanos se apoderaron del templo y también lo destruyeron exceptuando  el Muro de las Lamentaciones que luego pasó a ser el lugar más Sagrado del Judaísmo. 

 

 

No acaban ahí los hechos acontecidos en este impresionante lugar. Cuenta la historia que Jesús, se perdió por sus plazas, también fue lugar de la Segunda Intifada, ya entrado el s. XXI, resurrección palestina que sometió Jerusalem a una explosión de violencia en forma de atentados que produjeron muchas víctimas. 

 

 

Dejando los datos históricos la Explanada de las Mezquitas es un lugar mágico, un mirador privilegiado de la ciudad, dos grandes mezquitas yacen en él, la Mezquita de Al-Aqsa y el Domo de la Roca, dos joyas arquitectónicas que por desgracia nuestra no pudimos visitar puesto que la entrada solo se permite a los musulmanes. 

 

El horario de visita es limitado para los no musulmanes, teniendo una hora para disfrutar del lugar. 

 

Visitamos también el Muro de las Lamentaciones, justo debajo de la Explanada, una multitud de gente va cada día a orar y pedir que sus deseos sean transportados a la realidad. Está dividido en dos partes, una para los hombres que tienen total acceso al recinto, y la reducida y reservada a las mujeres. El lugar habla por si solo, una atmósfera densa por la transcendencia del lugar. 

 

No muy lejos, se encuentra la tumba de Jesucristo, lugar sagrado del Cristianismo, nos acercamos a verlo y de nuevo multitud de peregrinos que hacían cola para entrar en la tumba, que yacía unos metros por debajo de una preciosa cúpula por donde se adentraban los rayos del sol, creando un ambiente aún más místico y trascendente. 

 

 

El monte de los olivos, lugar de descanso de miles de almas judías, contemple, desde el otro lado de la ciudad, y desde lo alto, todo Jerusalem, una atalaya que se eleva como mirador privilegiado del lugar. Para llegar tuvimos que caminar por unas empinadas cuestas ladeando los cementerios repletos de lápidas. 

 

Así, entre visitas a lugares sagrados, paseos por mercados, por cierto en el norte de la ciudad hay un mercado en la parte "nueva", que vale la pena visitar para conocer en primera mano, los productos de esta tierra. No distan demasiado de lo que tenemos en nuestro país, frutas, verduras, carnes, pescados, eso si, un sinfín de especies y dulces característicos de medio oriente. 

 

Fue precisamente ahí donde nos aprovisionamos de los alimentos necesarios para la travesía del desierto que empezaba mañana. Aprendimos en Marruecos, cruzando el desierto de Merzouga, que los dátiles son una fuente de energía barata y potente, simple pero efectiva, y junto con unos frutos secos, fruta, algunas latas de sardinas y atún, y panes tipo pita, serían nuestra comida durante la dura travesía que mañana emprenderíamos. 

 

 

Jersualem se acababa, nos daba pena marchar de esta ciudad tan preciosa... aprovechamos la última noche para cenar en un tenderete que había junto la puerta de Damasco, contemplándola, de noche, iluminada, dimos con la certeza que habíamos sido unos privilegiados por haber podido descubrir una ciudad así... Jerusalem estará siempre más en nuestros corazones, quién sabe si algún día volveremos. 

 

 

ver siguiente post: En busca del Mar Muerto

 

 

 

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