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Día 1: Georgia by bike

September 5, 2017

Georgia, un viejo sueño. El Caucas, El mar negro, su vieja cultura religiosa, vinícola, agrícola. Sus gentes, sus paisajes su interminable geografía, sus valles hondos, frondosos, sus ríos salvajes, sus altas montañas, sus gentes. 

 

 

 

Georgia fue durante mucho tiempo un nombre que sonó en mi cabeza, había vista muchas fotos del Caucas y sus zonas vírgenes, apartadas, despobladas, zonas que parecían no existir ni en los mapas, pueblos fantasmas que uno se preguntaba si en algún momento alguien los habitó. Todos estos pensamientos, fotografías, ideas, iban por fin, a pasar a ser realidad, una realidad que me envolvería, me regalaría sus luces, sus amaneceres, sus tormentas, sus olores. Una realidad que ya podía empezar a sentir.

 

Sonó el despertador. El autobús que debía llevarnos hasta Kutaisi, la tercera ciudad del país, nos habían dicho que salía de la Railway station hacia las 8 de la mañana. Cruzamos la ciudad entre el denso tráfico. El día antes encontramos un grupo de catalanas que llegaban de dar la vuelta al país en coche, cuando les contamos nuestra idea de cruzar Georgia en bicicleta, una de ellas nos dijo, " no se me hubiera ocurrido mejor manera de morir...", y es que los conductores georgianos, tenían mala reputación, " auténticos kamikazes que se lanzan en los adelantamientos sin mirar ni siquiera pensar...". No era una definición demasiado entusiasta ni motivante para dos cicloturistas, que en unas pocas horas, pretendían cruzar el país a lomos de una bicicleta, cargados hasta las orejas, y sin más ánimo que descubrir qué habría más allá de lo que nuestros sueños nos habían imaginado. 

 

 

Llegamos a la estación de autobuses, justo detrás de la estación de trenes. Toca negociar el precio, más o menos establecido por persona pero abierto, según vimos, para nuestras pobres bicicletas. Después de largas negociaciones, cerramos un precio que nos pareció más que razonable. Nos subimos al autobús y poco después nos pusimos en marcha. 

 

Los primeros desplazamientos dentro de un país siempre generan expectación, cómo serán sus carreteras, su relieve, su paisaje, veremos animales o árboles extraños? Pararemos durante el viaje? Estas preguntas fueron obteniendo respuesta a medida que avanzábamos por el autopista que cruza el país de este a oeste, este era nuestra caso. 

 

Llegamos a Kutaisi y ahí debíamos cambiar de autobús a minibus. Muchas incógnitas nos acechaban. De dónde saldrá? Habrá algún autobús cuando lleguemos? Podremos colocar las bicicletas? Nuestro destino era Lenteghi, un pueblo a los pies del Caucas desde donde partiría nuestra ruta en bicicleta. Nada más llegar, el autobús nos dejó en una avenida con mucho tránsito, con las alforjas por el suelo, los curiosos merodeando... son esos momentos en los que cuesta mantener la calma y controlar todo tu alrededor, todo ajeno, momentos en los que las prisas te pueden hacer perder algún objeto, olvidar algún documento... Reunimos todo el material, montamos las alforjas y nos fuimos dirección al mercado, siendo en muchos sitios, lugar compartido con las estaciones de minibuses. Y así fue, ahí estaban... ahora solo nos quedaba encontrar el que nos llevaría a Lenteghi... uno, dos y el tercero era el bueno! Además ya vimos que tenía baca, el único de hecho que tenía... éramos unos afortunados, la suerte nos volvía a sonreír. 

 

El viaje fue como siempre en estos países una delicia, o una tortura, eso siempre depende del estado mental de cada uno. El estar "enxovado" dentro de un autobús para 10, 25 personas, compartiendo olores, sudores, equipaje... a nosotros nos resulta siempre una experiencia súper positiva en cuanto a la curiosidad que despertamos en la gente, sus caras divertidas, sus miradas curiosas, ... luego el viaje transcurre y cada uno a lo suyo, unos bajan donde parece que no haya más que pastos, otros descargan de la baca un sinfín de uralitas metálicas, otros parecen bajar pero resulta que iban a por pan y vuelven al carruaje, otros suben y a los cien metros bajan... son las vidas de las gentes, que con ojos curiosos miramos expectantes de tener nuevas visiones y experiencias. 

 

 

 

A medio camino nos parece escuchar hablar en español, y así es, Mamuka, un joven cáucaso se gira al oírnos hablar en catalán y nos dice.. " qué sois catalanes..?" Sí, contestamos. Mamuka ha vivido en Barcelona muchos años, trabajando en la construcción, luego la crisis le hizo, como a otros muchos tantos, regresar a su país. Se queja de la falta de prosperidad que hay por estas tierras, es su casa, su país, pero anhela volver a Barcelona donde parecía tener trabajo, y quizás esto le valía para ser un poco más feliz. Luego nos invita a dormir a su casa... Evidentemente aceptamos, cómo íbamos a decir que no a semejante acto de hospitalidad!

 

Llegamos a Lenteghi después de unas dos horas de minibus, ahí Mamuka le espera su hijo pequeño para quien trae un triciclo, el niño al verlo estalla de alegría. Mamuka nos lleva a casa de su madre, una casa en lo alto del pueblo, repleta de árboles, hecha de madera, hecha como se hacen las cosas buenas, con las manos de varias generaciones de su familia, una casa con carácter y con todo el calor que nos dieron. Eternamente agradecidos. Cena, y a dormir, mañana empieza el viaje, empieza el Caucas, la bicicleta, duros desniveles, cómo serán los caminos, habrá barro? Encontraremos agua? Gente?.. y no podemos dejar de sentir aquellos nervios que habitan en nuestro estómago antes de que algo nuevo, inesperado, desconocido, vaya a suceder. Mañana estaremos sobre la bicicleta. 

 

 

 ver siguiente post: Lenteghi  - Tsana, cuando conocimos el Caucas

 

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